Este momento tenía que llegar. Es el momento en que recuperamos este blog que tantas ilusiones nos dio y tan pocas visitas recibió. Qué bonito era comentar las escenas modernistas de Barcelona y Madrid, qué bonito recomendar vídeos, qué entretenido recopilar “Oídos cocina”. Sin embargo, lo que siempre tuvo más éxito fueron los post hater. Pero amigos, que quede claro que lo nuestro nunca fue odio sin sentido, sino más bien una cita con el psicólogo para parados.
Con esta premisa en mente, y tras cuatro meses al otro lado del Atlántico, no es de extrañar que el blog resucite con un post sobre mis queridos USA. No nos equivoquemos antes de empezar, yo NO odio este país ni a sus ciudadanos. Es un país precioso, con paisajes increíbles, con ciudades muy interesantes, con una historia corta pero intensa, y con los ciudadanos más amables (junto con los neocelandeses) que he conocido jamás. Sí, pero también es un país que de vez en cuando me deja tan alucinada que necesito una colleja para volver a la realidad.
Este post lo escribí un horrible día lluvioso, perfecto para rememorar lo que menos me gusta del American way of life. Para escritos sobre las maravillas de esta tierra, véase Away We Go.
USA es otra historia. Leemos las secciones de internacional de los periódicos y se notan las diferencias con Europa y el resto del mundo incluso en el modo de hacer política (pese a que en las altas esferas la mierda huele igual para todos). Estas mismas diferencias aparecen sin cesar y en pequeñas dosis en el día a día. Tal vez el shock no hubiera sido tan intenso de haber pasado menos tiempo en la América (del norte) rural, pero el caso es que USA tiene mucho más territorio en el centro que en las dos costas, así que podríamos decir con más razón que “this is America, bitch”.
Todos sabemos que USA es un país capitalista. Ya, qué novedad. Bueno, pues aún sabiéndolo se queda uno con el culo torcío cuando llega aquí y se da cuenta de que se ha metido en la boca del lobo. No es que en Europa seamos todos rojos y dediquemos templos a Marx y Bakunin, pero al menos todavía se puede ser crítico con el capitalismo. En Estados Unidos no existe una crítica real del sistema capitalista en la sociedad. Es su modo de vida. Es lo que conforma la historia de su país. Es bueno hacer negocio, es bueno gastar para engrasar el sistema, es aceptable que todo sea un bien que se deba adquirir con dinero (la educación, la salud, la comida, la cultura). La propiedad privada, como consecuencia, es también fundamental. Hace bien poco me comentaron que había un dicho que rezaba algo así como “Si disparas a alguien que intenta entrar en tu casa, asegúrate de que el cuerpo cae hacia dentro”. Porque entonces es lícito habértelo cargado. Porque la propiedad privada es intocable.
No es nada raro que alguien te intente vender las bondades del sistema de salud estadounidense. Y cuando digo “alguien” no es un redneck con una escopeta escupiendo tabaco de mascar mientras te habla, sino que puede ser un estudiante universitario. Lo bueno del sistema, dicen, es que es más ágil, es que no se te llena el hospital de gente que va a buscar recetas porque se aburre. En el fondo de este asunto hay dos temas: que quien tiene dinero y puede pagarlo es merecedor de una buena asistencia médica, o de una buena educación (quien no tenga dinero…bueno, algo habrá hecho mal); y que el “bien” susceptible de crear beneficio en este caso es una persona. Esta es una de las cosas que más flipada me deja. Supongo que para aceptar un sistema de seguridad social tienes que aceptar primero que la capacidad económica de cada uno no depende directamente de su voluntad. Y tienes que aceptar que habrá gente que pague menos impuestos que tu y reciba la misma asistencia. Estas son las cosas que a mi me parecen básicas y que no se comprenden en la boca del lobo. Es capitalismo concentrado. USA es kriptonita capitalista. Exponerse demasiado tiempo a ello sin ser americano puede causar la muerte.
Otra consecuencia directa del sistema capitalista estadounidense es el consumismo desaforado. La espiral de consumo es inescapable. Poca gente habrá que no tenga un smartphone, pocas amas de casa que no tengan todos los accesorios para cocinar. Porque quién quiere trocear nueces a mano para un pastel cuando puedes hacerlo con una máquina. ¡Te ahorras 5 minutos, es la ostia! Los anuncios de la tele son acojonantes: COME, COMPRA, COME, COMPRA, ¡COME MÁS! ¡MUAHAHAHAHA! Es diabólico. Consumir es más fácil que respirar, hasta las farmacias y los bancos tienen drive through.
El predominio de la empresa privada sobre la pública se deja ver en muchos aspectos. Para mí, el más inquietante y el que más me molesta es que el transporte público sea deplorable o inexistente y que si no tienes coche seas un paria de la sociedad. “Queridos Reyes Magos, para el año que viene me pido unas aceras y que la gente deje de chillarme ‘Get a car!‘ “.
Por último, hablemos un poco del patriotismo estadounidense. Nadie esta a salvo, esta es una plaga global. Somos todos culpables de enarbolar banderas como gilipollas. Pero en España todavía podemos decir que nuestro país es una mierda. Todavía nos podemos cagar en la sociedad en la que vivimos, en el gobierno, en la historia (Transición, anyone?), en la humedad y la sequedad, en todo y más. Eso no quiere decir que no nos guste nuestro país o nuestro barrio. En USA eso no se toca, caca. Despotrican del gobierno, sí, sin parar. Pero no les digas que América no es un gran país digno de ser el primero en todo. Ya he escuchado un par de veces eso de “Si no fuera por nosotros, dónde estaría el resto del mundo”. Y no lo he escuchado en la Fox. Por lo general les cuesta mirar hacia atrás y hacer autocrítica, analizar por qué ya no les quiere todo el mundo.
Repito lo dicho muchos párrafos atras: yo NO odio USA. Me he encontrado con gente que se da cuenta de todas estas cosas y las razona. También me he encontrado con gente que no lo hace. Me quedaré con grandes recuerdos de USA, pero también me quedaré con la impresión de que he visto a lo que podemos llegar si todas nuestras protestas son en vano, si al final los bancos, el FMI, y los Camps del mundo ganan la partida. Y ¡ay!, uno se caga en los pantalones de pensarlo.

